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viernes, 5 de febrero de 2010

Si una espina me hiere

¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
...pero no la aborrezco!  Cuando la mezquindad
envidiosa  en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina
hacia más puro ambiente de amor y caridad.
¿Rencores?
¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
se llevará las rosas de más sutil esencia;
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer, vertió,  al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!

Amado Nervo

lunes, 29 de junio de 2009

La noche oscura del alma


En mi noche oscura del alma, donde no hay luz, porque todavía no he visto que estoy en la luz desde siempre, me duelo y lloro y desde mi dolor pido por la renovación de mi alma y de mi espíritu, el desapego del ego y de mis propias miserias que mi impiden ser.

Pido porque mi noche oscura que ya es una noche larga no se convierta en la noche perpetua y mi alma nunca vea más la luz.

Pido para que mi corazón deje de llorar y mis lágrimas se transmuten de lágrimas de dolor en lágrimas de alegría.

Que la luz del Amor de la Diosa abra los ojos de mi alma. Que así sea

martes, 10 de junio de 2008